Nada más ostentoso que la falsa modestia.
Cuantas veces sabemos que alguien no es humilde y sin embargo se muestra como el más simple, austero, dócil, reservado y amoroso del mundo? Lo vemos, un sexto sentido nos dice que no es así, pero no lo podemos poner en palabras. Sería algo así, como el “lobo vestido de cordero”. Podría ser, por ejemplo, un abogado ladrón, en un proceso de divorcio, que utiliza como herramienta la extorsión, que no le importa robarles a niños su niñez, dejándolos emocionalmente en el “limbo”, bajándolos de un avión y arruinándoles sus vacaciones, o llevándolos a un juzgado (lugar totalmente desconocido y ajeno a su realidad, por ende traumático), con el fin de sacarlos de sus colegios, lugar de amparo y seguridad, con el simple fin de molestar a su madre y su logística diaria, pero más que nada, los “modestos” lo hacen sin escrúpulos y el fin que, bajo sus máscaras, más los excita, es el dinero. Estos “señores”, por supuesto, van a misa los Domingos. Será que visitan las iglesias para pedir allí perdón por sus inmoralidades? En la mayoría de los casos, no son capaces de registrar su propia inmoralidad, pues mirarse al espejo y admitir lo que son y lo que hacen los haría padecerse a sí mismos.
La maldad, en general, nace de un tercero, pero ellos son soldaditos que responden. Registrarla y hacer un “mea culpa”, los dejaría aún más pequeños de lo que son.
Los grandes hombres te hacen la vida fácil, en cambio, los hombres pequeños e infelices, te la complican.
Una persona falsamente modesta podría ser también una persona que viste ropa vieja y “alpargatas” de calzado, pero esconde arcas millonarias, evade impuestos, y abusa en varios aspectos de sus más cercanos. No le importa dañar a niños o a mujeres. Asimismo, van a misa los Domingos, para auto asegurarse su reputación de ser vistos por los otros como “agua de tanque” y auto afirmar su “nobleza”.
Estos personajes, son personajes creados por ellos mismos, para ser vistos por otros como “quisieran ser”, pero nunca podrían llegar a serlo. Están condenados de por vida al enorme peso, aburrimiento y hastío de sostener su imagen, siempre en arriba de un escenario y, por momentos, creen que nadie se da cuenta.
Son admirados por cinco gatos locos que los consideran ”regios” pero todavía no los han sufrido en carne propia.
Las personas falsamente modestas, suelen saludarse entre ellos con un abrazo y unas palmaditas en la espalda, o darse un fuerte apretón de manos, porque eso es más de “macho”. De esta forma, se convencen y ratifican mutuamente lo “buenas personas “ y lo “derechos” que son. Esto es ostentación en su máxima expresión. .Es falsa modestia, en la cima de su juego. Más ostentoso que una nouvelle riche vestida de marca .
La modestia, en cambio, se asemeja a la humildad, y tiene que ver más con una cuestión de imagen, que de forma de ser. La modestia tiene que ver con la mesura, la moderación, el control, la sumisión a las normas, es una forma de ser en el mundo, mientras que la humildad, tiene que ver con conocer las limitaciones y las debilidades de uno, aceptarlas, y actuar desde este conocimiento.
Hablemos también de gentileza.
La gentileza por otro lado, es una delicia, tiene que ver con una disposición, y es considerada por muchos como un rasgo exquisito del ser humano. Muchas veces los gentiles, son considerados ingenuos.
Aparece en el ser humano como una virtud, alejada del mal, pero tampoco tan cerca del bien. Tiene que ver con la capacidad de tener empatía con los pensamientos, sentimientos del otro, con el arte discreto de la escucha, con la capacidad de acoger al otro, de aceptar la vulnerabilidad del otro y por supuesto, la propia.
El gentil es visto muchas veces como un niño atrapado en un cuerpo de grande, incapaz de ver las malas intenciones en el otro, siempre dispuesto a aceptar al otro y a hacer el bien, por más retorcidas que sean las intenciones o las palabras dirigidas a él. Siempre es dócil y está al servicio del otro.
Etimeológicamente, el gentil es “el ingenuo”, “el bien nacido”, de familia noble y lleva en sus genes una tendencia innata a la dignidad, a la liberalidad, al porte elegante, a la sencillez y pureza de sus pensamientos.
Existe una gentileza discreta, que sólo se deja ver a través de gestos y mínimas atenciones que hacen más amorosas y fluídas las relaciones entre los seres humanos.
El gentil es el que siempre da el primer paso para establecer un contacto, es el que facilita un encuentro, el que se acerca. Es también totalmente desinteresado, no espera recibir otra cosa que un “gracias”.
La gentileza es el gran soporte para que siga existiendo la humanidad. ¿Qué haríamos en un mundo sin gentileza?